Peón Pasado
Un peón sin peones enemigos en su camino a la coronación.
Un peón pasado no tiene ningún peón enemigo por delante ni en ninguna de las dos columnas adyacentes. Nada en el tablero puede impedir que avance hacia la octava fila salvo las piezas, que pueden cambiarse o ahuyentarse. El peón pasado es el rasgo estructural más valioso en el final, y en los medios juegos la amenaza de uno basta a veces para decidir la posición.
Los peones pasados se valoran a menudo por su protección y su distancia a la coronación. Un peón pasado protegido —apoyado por un peón propio— es casi siempre fuerte, porque no puede perderse simplemente atacándolo. Un peón pasado en la séptima fila es tan fuerte que entregar una torre para detenerlo es a veces la única defensa práctica.
El consejo clásico —los peones pasados deben empujarse— recoge una cara de la verdad. Un peón pasado que no avanza es un activo estático; el oponente puede bloquearlo e ignorarlo. Un peón pasado que se empuja obliga al oponente a responder, ata a las piezas enemigas y agota poco a poco sus recursos. La otra cara de la verdad es que empujarlo demasiado pronto puede costar el peón; el momento importa tanto como el principio.
El bloqueo es la defensa clásica contra un peón pasado. Un caballo plantado directamente delante del peón, apoyado por otras piezas, neutraliza la amenaza por completo. El peón pasado bloqueado se convierte en objetivo en lugar de arma, y muchos finales se deciden según si el bando con el peón pasado logra romper el bloqueo.