En julio de 2022, Magnus Carlsen anunció que no defendería el campeonato mundial de ajedrez que ocupaba desde 2013. La decisión se trató entonces, sobre todo, como un asunto interno de política ajedrecística. Tres años y dos ciclos de título mundial después, parece el mayor acontecimiento individual de la historia moderna del juego — un abandono deliberado del trono por parte del jugador que, por toda medida razonable, lo ocupaba con mayor plenitud.

La decisión no era sorprendente. Carlsen había dicho, repetidamente y en público, que el formato del match de campeonato ya no lo motivaba. Había defendido el título cuatro veces — contra Anand en 2014, Karjakin en 2016, Caruana en 2018, Nepomniachtchi en 2021 — y ganado las cuatro. Había llevado su rating clásico por encima de 2880, un número que nadie más ha rozado. Había alcanzado el primer puesto del mundo en 2010 y lo había mantenido sin interrupción. Hacia 2022 la pregunta ya no era si podía ganar otro match. La pregunta era si el match valía los meses de preparación.

El retiro que no fue

Carlsen ha jugado más, no menos, desde la abdicación. Ha ganado el super-torneo Norway Chess cuatro veces en los cuatro ciclos posteriores a su renuncia. Ha dominado el circuito de rápidas y blitz, llevándose los campeonatos Mundiales de Rápidas y Blitz en Almaty en 2022 y la Copa del Mundo FIDE en 2023. Ha jugado en el Champions Chess Tour, el Freestyle Chess Grand Slam y un flujo constante de torneos clásicos por invitación. Ha competido en la Olimpiada con la selección noruega.

Lo que no ha hecho es jugar un match por el campeonato mundial. Esa es la distinción que su decisión trazó. Se retiró del ciclo del título, no del ajedrez.

La motivación que dio en su momento — que la carga de preparación se había vuelto desproporcionada respecto al significado del título — la han confirmado los matches que siguieron. El match Ding–Nepomniachtchi de 2023 en Astana duró quince partidas clásicas y cuatro desempates rápidos, con ambos jugadores visiblemente agotados al final. El Gukesh–Ding de 2024 en Singapur lo ganó un adolescente cuyo equipo de preparación publicó archivos de aperturas medidos en terabytes. Los dos matches fueron excelentes a su manera. Ninguno se disputó en la cumbre de la lista de rating.

El interregno de Ding

El primer match de la era post-Carlsen se jugó en abril de 2023 entre Ian Nepomniachtchi — ganador del Candidatos 2022, que habría enfrentado a Carlsen — y Ding Liren, segundo de aquel torneo, elevado por norma FIDE al puesto de Carlsen. Las catorce clásicas terminaron 7–7. Los desempates rápidos fueron para Ding, 2,5–1,5.

Ding Liren se convirtió en el primer campeón mundial de ajedrez procedente de China. El resultado fue cuestionado desde el inicio como legítimo — ¿habría ganado Carlsen? se preguntó en cada partida — pero fue también un match de calidad ajedrecística inusual, con varias victorias de Ding desde posiciones evaluadas peor por los motores y por todos los grandes maestros que las seguían.

Su reinado posterior fue difícil de una manera que la prensa ajedrecística no anticipó. Ding jugó poco en 2023 tras tomar el título. Su rating bajó de 2780 a los 2730 en los doce meses siguientes. Habló en público sobre la presión del rol y sobre su salud. Cuando llegó el match de 2024 con Gukesh, en Singapur, no jugó mal — solo una derrota clásica involucró un error claro — pero no jugó con la intensidad que le había dado el título dieciocho meses antes. Perdió el match 7,5–6,5.

La era Gukesh

Dommaraju Gukesh se convirtió en el decimoctavo campeón mundial de ajedrez con dieciocho años y diez meses — el más joven de la historia del título. Su camino al trono, en los cuatro años entre su norma de gran maestro y su victoria en el campeonato, fue el más rápido de cualquier campeón moderno. Creció en Chennai, estudió con la WestBridge–Anand Chess Academy y alcanzó el top diez antes de alcanzar la mayoría de edad legal.

Su victoria de 2024 en Singapur se decidió en la decimocuarta y última partida clásica por un error en final cometido por Ding que los motores señalaron al instante. Gukesh jugó el resto del match con la paciencia de un jugador veinte años mayor. La crítica que vino después — que fue una victoria estrecha en un formato corto — se aplica a la mayoría de los matches por el título y dice poco sobre los jugadores.

Lo que sí nos dijo sobre el título es más interesante. Los tres primeros campeones post-Carlsen no son europeos. Ding es chino. Gukesh es indio. Los torneos de Candidatos de 2024 y 2026 contuvieron más jugadores indios que europeos por primera vez en la historia del ciclo. El centro de gravedad del ajedrez de élite se ha desplazado, y la abdicación aceleró ese desplazamiento más que causarlo.

Lo que conservó

Lo más llamativo de la carrera post-abdicación de Carlsen es lo poco que ha cedido de su fuerza. Su rating clásico sigue siendo el más alto del mundo por un margen — 2837 en la última lista, doce puntos por delante del siguiente jugador. No ha perdido una partida clásica con un jugador por debajo de 2700 en un torneo serio desde 2022. Ha jugado al freestyle (Fischer Random) a un nivel al que ningún otro clásico se acerca, llevándose el inaugural Freestyle Grand Slam de 2024 y las dos ediciones siguientes.

El título es parte del ajedrez, pero no es el ajedrez. — Magnus Carlsen, entrevista en la radio pública noruega, julio de 2022

El giro al freestyle fue deliberado. Carlsen ha dicho en varias entrevistas que la carrera de preparación casera en el ajedrez clásico ya no le interesaba, y el freestyle — empezando desde una de 960 posiciones aleatorizadas, sin teoría de aperturas posible — restaura el cálculo sobre el tablero que él busca. El formato ha venido creciendo en financiación y atención, en parte por su implicación.

El coste del título

Tanto Ding como Gukesh han descrito desde entonces el match por el campeonato como físicamente y emocionalmente extremo. La caída de forma de Ding ha sido el ejemplo más comentado del coste; Gukesh ha jugado de manera selectiva en los dieciocho meses desde su victoria, citando recuperación y preparación para el ciclo 2026. Ninguno de los dos es un jugador cuyo nivel se haya deteriorado claramente. Ambos son jugadores cuyas vidas, por sus declaraciones públicas, han sido reconfiguradas por haber sostenido el título.

Es exactamente el punto que Carlsen repitió antes de retirarse. El match ya no es, en sus propios términos, la forma máxima de ajedrez. Es un formato particular de muy alto riesgo que extenúa a quienes lo juegan y produce resultados decididos por momentos puntuales de preparación y fatiga. Él prefirió jugar más ajedrez, contra más rivales, en más formatos, al nivel que pudiera sostener. Tres años después, el ajedrez que ha jugado sostiene esa visión.

Lo que deja la abdicación

El título mundial sigue importando. Le importó a Ding y le importa a Gukesh. Le importará al jugador que emerja del Candidatos 2026 y del match de 2027. Pero importa menos que antes en relación con el resto del calendario. El super-torneo Norway Chess, el Tata Steel Masters de Wijk aan Zee, el Sinquefield Cup, el Freestyle Grand Slam, el Champions Chess Tour — son ahora los eventos donde los clásicos más fuertes se encuentran con regularidad. El campeonato mundial es un evento más entre muchos.

Esto se acerca más a cómo funciona el tenis que a cómo funcionaba el ajedrez. Los Grand Slams importan; la Copa Davis importa; pero el número 1 del mundo es el jugador que juega con más constancia a lo largo de la temporada. El ajedrez ha venido moviéndose hacia este modelo desde hace una década, y la abdicación de Carlsen lo formalizó. Gukesh es el decimoctavo campeón mundial de ajedrez. También es el número 5 del mundo. Las dos afirmaciones son ciertas; solo una importaba hace diez años; las dos importan ahora.

Lo que Carlsen ha construido en los años desde su retirada es la prueba de concepto. El jugador más fuerte del mundo no tiene por qué ser el campeón mundial. El título sigue pesando, pero se ha desacoplado demostrablemente de la pregunta de quién, un martes cualquiera de mayo, es el mejor jugando. Ese desacople es a su manera otra abdicación — no solo de Carlsen, sino del propio título.

Referencias

Para fuentes originales y lectura adicional:

Enlaces internos en Caissly: la Defensa Berlín — arma clásica de Carlsen en los matches — aparece en su repertorio a lo largo de las cuatro defensas del título. La Najdorf, examinada cubre sus elecciones de apertura más agudas. Los perfiles de Gukesh Dommaraju y Ding Liren abarcan los matches que vinieron después.

Edición Nº 001 · La Revista · Editorial Caissly